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Vivienda para un Pintor y dos Gatos

Vivienda para un pintor y dos gatos s
Vivienda para un pintor y dos gatos

Vivienda para un Pintor y dos Gatos

+ Situación > c/ Ramón y Cajal 212, c/ Guipuzcoa. Cartagena
+ Fecha > 2008
+ Promotor > Ángel Mateo Charris
+ Arquitecto > Martín Lejarraga
+ Presupuesto > 214.000 €
+ Superficie Construida > 126,00 m2
+ Estudio Martín Lejarraga > Julián Lloret (Coordinación)
+ Arquitecto Técnico > Rafael Checa
+ Constructor > JUYFRA
+ Fotógrafo > David Frutos
+ X BEAU Bienal Arquitectura Española > Selección
+ XV Premios Región de Murcia 2009 > Mención
+ Metalocus 023
+ PASAJES Arquitectura y Crítica 106
+ D’a Architectures 183 -Francia-
+ Arquitectura Ibérica nº 27 ‘Habitar’ -Portugal-
+ ORIS nº 52 -Croacia-
+ Diseño Interior nº 199
+ Emergentes 05. COA Aragón
+ XV Premios Arquitectura y Urbanismo Región de Murcia ’09
+ X BEAU Bienal Arquitectura Española

La Caracola


La realidad sólo aguarda al deseo
Charles Eames


La casa en que nací formaba parte de uno de esos barrios obreros que se construyeron en España a mitad de los años 40, casi al mismo tiempo que Charles Eames se preguntaba en uno de sus ensayos ¿Qué es una casa?


Fue una suerte que fuera proyectado por uno de esos profesionales sensatos que a veces surgen en la gris vida de la provincia –Lorenzo Ros– que consiguió que, a base de un trazado sencillo y unas construcciones razonables, el barrio continúe siendo un lugar agradable para vivir, un punto en el que edificar una historia, o en la que conseguir que, por la alquimia de la arquitectura, la casa de mis padres –el pasado– se convirtiera en otra cosa, en el teatro de mi vida, en refugio y puerto de abrigo: en mi casa.


Puedes estudiar la historia de la arquitectura, documentarte con sesudos tratados y artículos de revistas, con imágenes de tus viviendas soñadas, puedes criticar y analizar las casas de tus amigos y enemigos, pero encargar la tuya propia puede no ser una cuestión fácil. Hay que saber qué necesitas y qué es sólo superfluo y esclavo de las modas, e intentar que sea –como dice Eames en el mencionado ensayo– moderna, lúcida y realista. Y hay que elegir bien al artífice que pueda acomodar tus deseos a la realidad, que te enseñe lo que quieres ver, aún a costa de mirar a un sitio en el que no habías pensado.


Martín Lejarraga, del que soy amigo y admirador desde hace muchos años, es el único arquitecto en el que pensé, especialmente por la afinidad con sus conceptos creativos, porque lo he visto medir certeramente en sus proyectos la distancia entre las necesidades del cliente y las soluciones constructivas, alumbrando con inteligencia el camino entre la idea y el edificio.
Yo quería una casa que guardara rastros de mi memoria vivida en ella, que se aprovechara de lo que creo que es una orientación privilegiada, que fuera un lugar cómodo para mis gatos, tortugas, sueños y manías. Y lo que Martín me trajo fue una caracola.


Después de un tiempo pensando –que a los clientes siempre nos parece larguísimo– mi arquitecto trajo una caracola que decía que representaba el proyecto, la clave con la que había creído solucionar el problema. Supongo que otro hubiera puesto una cara rara, pero yo sabía que la chispa se había encendido y la casa estaba ya construida en alguna parte; es así cómo me ocurre con la pintura, y mi galerista ha aprendido a no entrar en estado de pánico ante un grupo de lienzos en blanco si le digo que ya están pintándose.


Después de muchas historias de divorcios entre arquitectos y clientes, desde Mies y la casa Fansworth a las leyendas urbanas de primos y vecinos, esta es una historia con final feliz.
No me gusta saber cómo demonios sacan los magos los conejos de la chistera, así que dejaré para otros el hablar de los juegos de transparencias y reflejos de la fachada, de la forma de abrir el salón al exterior, de proporciones entre huecos y de la diversidad de las texturas.


En el poco tiempo que llevo en ella sé que esta es la casa que quería, la que interpreta los pensamientos abstractos y las largas conversaciones que llevaron a su creación, la que traduce en materiales, espacios y alineaciones algo tan inasible como los sueños, los miedos, los anhelos. Creo que será un buen lugar para reír, comer, dormir, conversar, amar, crear…


Si fuera un cangrejo ermitaño y me encontrara una caracola como ésta no dudaría en hacerla mi guarida, mi pequeño castillo bajo el mar.


Ángel Mateo Charris, pintor.